Bocatería Nevada en Zaragoza. Mi infancia dentro de una hamburguesa.

De como un sabor te transporta a la infancia.

Y de como afrontar la diversidad familiar.

Hoy he bajado a Zaragoza para hacer unos recaditos y como me he dejado unos cuantos para la tarde, he hecho una paradita para comer en una de las bocaterías más famosas de la ciudad: “Nevada Bocadillos” que está ubicada en el corazón del barrio en el que pasé toda mi vida hasta que con dieciocho años me dio la turuntela y me independicé (tal vez un día os cuente eso, porque a esa edad puedes vivir a base de macarrones con queso, cereales con leche y no tener la sensación de que tu alimentación es un caos)

Siempre pido la misma. Hamburguesa con queso. Y ya.

La plaza que se vislumbra tras el Schweppes de naranja la he recorrido entre uno y dos millones de veces durante mi infancia y adolescencia. Allí hay un quiosco donde compraba chicles de fresa Cheiw para mí y de fresa ácida para #SisterCis que nunca entendí como le podían gustar. A mí me ardía el paladar sólo de olerlos.

Mis padres tenían una tienda de electricidad en el barrio, por lo que todo el mundo nos conocía.

Aún hoy nos sentimos como las Kardashian cuando vamos por allí.  Es super reconfortante parar cada tres pasos para saludar a unos y otros.

Mi mejor amiga desde los seis años fue Mari Carmen y las de mi hermana fueron Pili y Patri, pero como eran pequeñas nuestra tarea era ignorarlas, hacerles rabiar y refunfuñar si nos obligaban a cuidarlas.

Luego conocimos a Elena y nos dedicamos a bailar la canción de Glenn Medeiros durante un verano entero. Antes ya lo habíamos hecho con Huracán (o Irresistible) de la princesa Estefanía de Mónaco y tal fue nuestra dedicación que un día mi perro se comió nuestra cena mientras nosotras estábamos abducidas viendo en la tele a la princesa rebelde de los Grimaldi cantando aquella canción en el Un, Dos, Tres.

Pasábamos el día sueltas por el barrio. Antes podías ir por la calle tan alegremente sin miedo a que nada pasara. Mucho más en verano, tiempo en el que alargábamos jugar entre la ciudad Universitaria, la Plaza y la calle Apaolaza hasta que el hambre presionaba el estómago y debías volver a casa donde te esperaba una tortilla de patata o en mi caso salchichas porque (y si no lo sabes agárrate) ODIO LA TORTILLA DE PATATA.

El Nevada se convirtió en el lugar donde mi madre nos llevaba a cenar para premiarnos por algo, cuando después de trabajar catorce horas seguidas no tenía ánimo de cocinar o cuando estábamos de tan buen humor que una de las tres sugería visitar a Mari y Manolo porque nadie en el mundo hacia las hamburguesas tan ricas como ellos.

Historia del Nevada. Cumplen 60 años haciendo hamburguesas.

También fue el lugar donde mis padres hablaron por primera vez delante de mí de divorciarse.  Estábamos en la mesa J3.  Patri no estaba y yo miré fijamente a un cenizero de Cinzano.  Pensé “tal vez sea lo mejor” pero no lo dije en alto hasta que nos lo comunicaron oficialmente.

 

Fuimos las primeras niñas con padres separados del cole y durante un tiempo nos miraron raro e incluso algunos padres les dijeron a sus hijos que no deberían ir con nosotras.  Ignoro el motivo.

Jamás no sentimos mal por eso, pensábamos que el problema lo tenían los demás.  No nosotras.  Y no podíamos estar más en lo cierto.  Me siento muy orgullosa de que ambas pensáramos así siendo tan pequeñas.

Entretanto nuestra infancia transcurrió con normalidad, porque mis padres se siguieron queriendo siempre.  Hasta que mi padre subió al cielo de los padres en 2013.  Comimos muchas hamburguesas más en el Nevada antes de eso.

Y también disfrutamos allí con Paco, Maridodemimadre e incluso con alguna novia de mi padre.  Todos juntos porque todos nos queríamos.  Eso es lo que mueve a las familias.  Como dice Antonio Gala “Familia es el lugar donde a uno lo esperan” y en esta familia solemos esperar mucho porque somos todos bastante impuntuales.

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Ahora cuando me preguntáis como enfocar a los niños el tema de la diversidad familiar, del riesgo de que se sientan diferentes en el cole o comunicarles que son niños nacidos mediante ovodonación o adopción de embriones, siempre os cuento esto.  Que nuestros padres hicieron de todo esto algo normal.  Ellos tendrían sus cosas y sus movidas pero nunca nos vimos involucradas en ello ni tampoco fuimos una moneda de cambio.

Normalidad siempre.  Siempre.  Y Amor.

Los niños solo quieren sentirse queridos.  Los adultos también.

Y nosotras tuvimos eso, amor a tutiplén y la infancia con las mejores hamburguesas del mundo.

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