“Escúchame bien… Lo que tienes que hacer es dejar de obsesionarte y ya verás que pronto te quedas embarazada”

“Mira, yo conozco a una que le dijeron que era imposible… pero imposible, imposible… ¿Y que te crees que pasó?  Oye, que se decidieron a adoptar y en el viaje se quedó embarazada… ¿Te lo quieres creer?”

“Imagina.  Años y años buscando un bebé y cuando dejaron de pensar en ello… ¡Gemelos!… Así que no te preocupes… no le des vueltas…”

 

Ejem.

Eeeeeeeejem.

¿Cuántas veces has escuchado esto?  ¿Mil?  ¿Dos mil?  ¿Tres mil millones de veces?

A veces digo que “hubo un día que me empezaron a tocar las narices este tipo de frases…” pero cuando lo pienso y tengo que ser sincera conmigo misma me digo:  “No Marian… A ti estas frases te jodían desde la primera vez que las escuchaste”

Y la explicación es sencilla:  Me jorobaban de sobremanera porque sentía que se ponía en tela de juicio que se me estuviera yendo la olla con todo el tema de la infertilidad.  Que dependía de mí el no poder ser madre y que, por supuesto, si le seguía dando vueltas, jamás me quedaría embarazada.

Me fastidiaba pensar que no entendieran que era un problema físico y no mental.  ¡Qué coño obsesionada!  ¡¡Hombre ya!!

Me pillaba unos cabreos del quince e incluso llegaba a decir con sarcasmo:  “Claaaro, claaaro… obsesión, por supuesto, es solo que me estoy obsesionando y por eso no me quedo embarazada… ¡Como no había caído antes!  ¡¡Voy a dejar de obsesionarme y así no tendré que pincharme hormonas ni una sola vez!!… notej…”

Bien.

Me costó entender esto y para ello tuve que pasar por otro proceso doloroso:  la pérdida de mi padre.

El día del velatorio todo el mundo me decía “Lo siento Marian… pero bueno, ha sido lo mejor, así ha dejado de sufrir”

Y yo me imaginaba a mi padre, en plan espíritu de esos que salen en “Entre fantasmas” o en “Medium” diciéndome:  “¡Será posible!  No te jode “lo mejor” dice… ¡¡Lo mejor para él!!  Para mi no, qué mira donde estoy…”  y yo asentía con la cabeza dándole la razón a quien tenía delante y también a la imagen de mi padre quejándose de eso, mientras pensaba que “lo mejor” , sin duda, hubiera sido que no enfermara jamás y que siguiera entreteniéndonos con su mal genio unos cuantos años más.

Me dijeron tantas veces “es lo mejor” que volví a sentir esa sensación de cabreo infinito en la boca del estómago, hasta que comprendí que ante los duelos no hay palabras perfectas que diluyan la pena.  No las hayy la gente que nos aprecia intenta buscar algo que nos ayude a sobrellevar un mal momento.

Pensad por un momento que hoy mismo alguien te confiesa que lo está pasando mal porque no puede ser madre.  Que siente ese mismo dolor en el corazón que para muchas de nosotras hace tiempo se instauró en nuestra rutina diaria.

¿Qué le dirías?, Así… de repente, sin tener mucho tiempo para responder…

– No te preocupes…

– Todo irá bien…

O algo similar… ¿Verdad?

Pues “No te preocupes” es prima hermana de “No te obsesiones”.

Entonces… ¿Qué es lo mejor que podrían decirnos para aliviar nuestra pena?

Te lo voy a decir…  No hay nada.  Nada que nos reconforte en ese momento.

Por eso, en los talleres, cuando hablo con familiares les digo:  “Muchas veces un abrazo o coger la mano fuerte para que sientan que váis a estar ahí dando apoyo emocional, es mucho más agradable que conversaciones de tres horas sobre chicas muy afortunadas que dejaron de pensarlo e inmediatamente se quedaron embarazadas.  No necesitamos nada más que cariño para seguir este viaje”.

Debemos pensar, que nuestra gente, la que nos aprecia, nos quiere o los que están a diario con nosotros y saben por lo que estamos pasando, solo quieren quitarnos un poco del peso de la mochila que llevamos encima.  Y por eso nos dicen todas estas cosas.  Incluso eso de “es lo mejor” en procesos de duelo.

“Gracias”… eso es lo que terminé diciendo cuando entendí que no es que me estuvieran llamando “loca obsesiva” ni nada por el estilo.

Todo lo contrario.

Me estaban diciendo “Querría quitarte este dolor, ayudarte a superarlo… yo también me preocupo por tu problema, pero no se como ayudarte… no se hacerlo mejor”.

Pero… esta frase coloreada de rosa viene encriptada normalmente en un “No te obsesiones”  y también en el tocapelotis “yo conozco a una que…”  (Una cosa… ¿Alguien conoce de verdad a esa Una Qué…???… Yo estoy deseando conocerla para decirle “Tía eres súper famosa, en serio, apareces en todas nuestras conversaciones…”)

Si ya no puedes más, adelántate tu y dale un abrazo o coge fuerte la mano de quien te diga estas cosas y hazle sentir con una mirada que no es tan sencillo aliviar la pena de nuestro corazón pero qué estás en ello (espero que las cosas que te diga en estos post, en los talleres o donde quiera que nos encontremos te esten ayudando poco a poco… es un trabajo lento, pero se puede conseguir, ya lo verás).

Si por el contrario eres alguien de nuestro entorno, pincha AQUÍ, quiero que te asomes a nuestro corazón… es así como nos sentimos.

Un abrazo a tod@s, uno muy fuerte y reconfortante de esos que dicen cosas,

Marian

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