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Esta semana es rara.
De verdad que si.
Ya llevo un tiempo mintiendo sobre mi edad y es hora de que diga la verdad.
Hace unos meses me dio por decir que ya tenía cuarenta, cuando en realidad tengo treinta y nueve, aunque esto cambiará el próximo lunes.

Entonces tendré cuarenta de verdad. De verdad verdadera.
He ido diciendo lo de los cuarenta por entrenarme y sobretodo pq esperaba oír “Pues no se te dan” y entonces las pocas veces que eso ha ocurrido yo respondía “Es que aún no los tengo… en Junio, en Junio si, pero lo estoy diciendo ya para concienciarme”
Fuera de coña, diré, que esta edad es chula.

Vamos a ver. Teniendo en cuenta que lo chulo era meterme sin dificultad en unos pantalones de la 38 (e incluso de la 36 en alguna ocasión) y ahora sigo comprándolos de esa talla, ya nada es igual. Debo dejar de respirar para dar tres pasos. Y no. No compensa.

También es verdad eso del anuncio de Paula Echevarría, eso de que el pelo también envejece. Qué putadilla. El pelo también.

Presumía de no tener canas pero en los últimos meses, como si supieran que me acerco a esta franja en el que cambio el tres por el cuatro, ha ido apareciendo alguna en compañía de otra. Y bien visibles además. No les ha dado por instalarse en la nuca, no. Han decidido que mejor, justo donde marco la raya, para que no intente ahorrar en tinte todos los meses.

Y yo me reía de los de las patas de gallo, pq me recordaban al sketch de Martes y Trece que salían con unas patas de gallo a cada lado de los ojos.

Pues bien. Hoy soy una de esas personas con patas de gallo (de momento no tengo código de barras encima de los labios, pero todo se andará… en diez años me veo escribiendo sobre eso)

Cambia el cuerpo y me observo frente al espejo y pienso que me parezco a mi madre. Qué no es que sea malo, pq ella está fantástica, pero de eso no me había dado cuenta hasta hace poco. Del parecido digo.

Por no decir que desde hace algún tiempo veo los presentadores del tiempo o cantantes de grupos musicales asombrosamente jóvenes. Incluso hago cálculos mentales de que edad tenía yo cuando nacieron. Y muchos podrían ser hijos míos. (muy joven los habría tenido eso si, pero por poder… podrían ser hijos míos sin problema)

Pero… pero bueno. Este es el precio a pagar (que no es poco, eh?) por los otros cambios que he notado: sentirme segura de mi misma, tan segura que puedo decir lo que me venga en gana sin remordimientos… porque a quien no le guste, lo siento, no diré nunca nada con intención de herir, pero dejaré clara mi opinión y no me tambaleo con facilidad. Así de sencillo.

He aprendido a saltar obstáculos, cada día más ágilmente.

Valoro lo que me rodea, tanto tanto tantísimo que incluso me emociono en los momentos más tiernos o viendo fotografías o escuchando una canción que me recuerda a algo en particular. Y tengo que disimular diciendo que tengo conjuntivitis o que me ha entrado algo en el ojo, porque aún no estoy acostumbrada a que me pregunten “¡Andá! ¿Y pq estás llorando?”
Esto si que es de hacerme mayor.

Y lo de quejarme cuando creo que me timan, también. Pq eso si, ya no estoy para chorradas y si tengo que decir algo lo digo y aunque precisamente eso era lo que me avergonzaba de La Nona, ahora veo que yo soy igual. Menos mal que no tendré nietos a los que avergonzar.
Pobres sobrinos. Eso sí.
Creo que esta edad en la que voy a entrar es perfecta. Me siento florecer, como si todos estos años me hubiera estado preparando y curtiendo.

He ido recopilando más amigas conservando a las de siempre. Amigas increíbles que me han iluminado el camino en muchas ocasiones. Y está bien, ahora estamos todas más cerca de los cuarenta que de la talla treinta y ocho pero me gustaría que se supiera que hubo un tiempo en el que estuvimos buenísimas y nuestros culos estaban más firmes que cualquiera de los de chicas de veinte años que conozco ahora… y eramos modernas. Muy modernas. Usábamos hombreras y planchas de pelo que simulaban habías dormido con trencitas. Era lo más. Bebíamos granadina con vainilla, que estaba asqueroso pero el color quedaba fenomenal con las luces de neón de las discotecas y nos cogíamos pedos psicológicos solo de lo mucho que nos reíamos.

En esto último seguimos igual. Aunque preferimos beber tés y coca cola light, que no quedan tan bonitos pero no importa.
Ya lo adornamos con una porción de tarta Velvet de Beltrán.

Bienvenidos los cuarenta. Os estoy esperando con un pantalón de la 38 y una camiseta con la imagen de The Bangles.

Eso si, una cosa voy a dejar clara: para música y películas las de antes… eh?
(Oh no! Primeros signos de chocheo???)
#esbromi
Lo de la música y las pelis no. Eso es verdad verdadera.

#estaedadmola #semereceunaola

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